La maleza acapaba espacios mientras ágilmente trataba de escapar de aquel escenario cruel de su pérdida, qué perdía? Lo que había construido hace mucho tiempo, ahora se esfumaba con el viento y ella permanecía desesperada y huía de la sensación de desamparo. Mas la maleza que la rodeaba no le permitía mirar su horizonte ni por lo tanto, hallar destino, simplemente corría con el reloj del miedo. La mujer quería llegar a aquel lugar en el que se habría ya alejado suficientemente del acecho del arrebato final, cuando sus promesas del pasado ya se habían roto. Y la sed de amor y calma se volvía intensa mientras corría despavorida, se sentía frágil, humillada, insulsa, en qué momento había llegado a esta situación? Fue el cruce de varios rumbos, el de la zozobra y la amargura, la inseguridad y el pesimismo, ellos fueron su orientación en ese momento, los que la indujeron a buscar suelo nuevo, un panorama más en su recorrido sediento.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
domingo, 24 de agosto de 2008
Viajera
Una paloma hechizada por la luz de la plateada madre nocturna alzó vuelo hacia su hogar demorando el recorrido más de lo normal. Danzaba al compás de una melodía inspirada por el brillo lunar e inventaba poemas que sólo un ave podría imaginar, la sensación de esplendidez inigualable aquella noche le hacía olvidar de un monótono camino a casa. Allí la esperaba un palomo y su hijita, que crecía entre cantares y la calidez de una familia alegre con la vida, sus padres más que enseñarle a volar como lo hacen todos los de su especie le ensañaban algo más importante, ser libre. Entonces cada que la palomilla quería aventurarse a recorrer una distancia más larga que la normal se lo permitían para que ella comprobase que las limitaciones son mitos que la mente no para de inventar, e insistían en que sus alcances dependían de sí misma.
En la ocasión particular que se narra desde un principio, la madre paloma se sentía colmada por una frescura confortable, volaba sintiendo la tenue brisa que en esos instantes le hizo recordar los deleites de sus años juveniles, cuando viajar en las noches de luna era una velada especial porque entonces se sentía en el esplendor de su existencia.
Esta vez quiso danzar en el aire como antes, sentirse liviana y eterna como la compañera celeste que permanecía allí igual que siempre, encantadora. Aquella noche, la adulta paloma renovó la promesa que alguna vez hizo en un escenario similar, había jurado que el hogar que fundaría sería auténtico y ahora prometió fidelidad al hermoso astro, asegurando que en su próxima mudanza haría una casa en la que todas las noches en que brillara pudiera honrarala en una velada ahora junto a su familia, para mirar sin obstáculos esa luz que tanta insipiración transmitía. Se trasladaría a una alta rama del espeso bosque en que vivía y allí estaría por siempre y con ellos, extasiada.
En la ocasión particular que se narra desde un principio, la madre paloma se sentía colmada por una frescura confortable, volaba sintiendo la tenue brisa que en esos instantes le hizo recordar los deleites de sus años juveniles, cuando viajar en las noches de luna era una velada especial porque entonces se sentía en el esplendor de su existencia.
Esta vez quiso danzar en el aire como antes, sentirse liviana y eterna como la compañera celeste que permanecía allí igual que siempre, encantadora. Aquella noche, la adulta paloma renovó la promesa que alguna vez hizo en un escenario similar, había jurado que el hogar que fundaría sería auténtico y ahora prometió fidelidad al hermoso astro, asegurando que en su próxima mudanza haría una casa en la que todas las noches en que brillara pudiera honrarala en una velada ahora junto a su familia, para mirar sin obstáculos esa luz que tanta insipiración transmitía. Se trasladaría a una alta rama del espeso bosque en que vivía y allí estaría por siempre y con ellos, extasiada.
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miércoles, 20 de agosto de 2008
Cambios
Lentamente y con rapidez todo avanza sin tregua, es una ley de la vida como suele decirse, paradójicamente es el cambio el que permanece. Mutar de un estado a otro, como piel de camaleón, cambiamos para volver al principio, pero necesitamos recorrer el círculo para darnos cuenta una y otra vez de lo que significa existir, independiente de que sea en un infierno o paraíso, la vida simplemente es, está desprovista de particularidades porque todo lo que conocemos es un reflejo de ella misma. Así, el cambio es un paso necesario y natural, pues no hay ningún día igual a otro, cada fin da lugar a un inicio mas lo que empieza está cubierto por novedad e incertidumbre, las posibilidades siempre son inagotables y nuestras determinaciones por más fijas e inmutables que se conciban portan un matiz de imprevisto a pesar de que la realidad parezca producto del cálculo programado inserto en la mente sobre lo que debe o no suceder. Las transiciones y cambios son necesidad que desatrancan el pensamiento y la perspectiva, y oxigenan las creencias.
Publicado por Carolina en 22:14 1 comentarios
domingo, 10 de agosto de 2008
Agua
He sido rocío, he sido brisa, he sido tormenta. He permeado el paisaje y humedecido tu vestimenta, te he rosado la piel y te he impactado como evento inesperado. Así continúo aún, pasajera y mutante, pero hecha de lo mismo siempre, simplemente agua, la que cae a torrentes cuando el cansancio le agobia, la que baja suavemente cuando despacio quiere escurrir el pesar, la que prescinde del descenso cuando la calidez y la frescura de un día prometedor le hacen aguardar atenta al horizonte y olvidar el tiempo como carga.
Publicado por Carolina en 21:40 1 comentarios
viernes, 8 de agosto de 2008
Vuelo
Simplemente, como la disposición al levantarse luego de dormir mucho tiempo, el deseo de encontrar novedades en el mundo que se ha dejado en el sueño, esa experiencia donde el cuerpo se entrega al descanso mientras nuestro timón sigue funcionando. Alzar vuelo, la liviandad permite ir hacia el infinito sin agonizar y mantenerse allí en la inmensidad, es una condición natural pese a que nos consideramos resistentes en todos los sentidos, creemos en la dimensión de un presente concreto y perecedero como si estuviéramos arrojados en la realidad y presos durante una vida que por supuesto, está pintada de dualidad. Abrirse, permitirse, elevarse, despejarse, todo ello atributo del escenario de la naturaleza, da alas a la mente humana, no la enajena del panorama de sufrimiento y desarmonía que observa junto a la paz, circunstancia similar a tocar superficie mientras se sale del pantano, preámbulo del vuelo.
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lunes, 4 de agosto de 2008
El pergamino
En un aula abandonada de una escuela olvidada, un niño halló el más preciado tesoro que un maestro pudo dejar allí, la prueba de que buscó la respuesta a muchas de las preguntas que no sólo los niños desde su inocencia le planteaban y que le descrestaban, interrogantes que cuando pequeño él también se formuló. Nada como su labor le demandaba conocimiento, su entrega al aprendizaje de los niños significaba para él un gran compromiso que no se agotaba con el paso del tiempo.
El maestro que portó el pergamino se había ido de la escuela hace años, dejó huellas en cuanto al amor por el saber y constante crecimiento de sus pupilos desde todas las ópticas. Con perseverancia y la comprensión por actitud, discutía más fácilmente con sus colegas que con los pequeños, quienes normalmente son reñidos por el prejuicio adulto.
El pergamino contenía hondos conocimientos de historia y biología, materias en las que sus alumnos se inquietaban bastante. El niño que lo halló se quedó en el aula instantes después de la jornada, pues estaba solo aseándola. La pelota con la que jugaba se fue detrás del viejo armario del salón, que nunca movían de sitio y él se encargaría de correrlo a fin de recuperarla. Con la mayor fuerza que pudo corrió la biblioteca de aula y encontró tras ella el pergamino.
Se asemejaba a los papiros que veía en los libros de historia, lo cual le motivó a abrirlo. Descubrió en el amarillento papel explicaciones gráficas a los temas de sus clases, y recordó inmediatamente al profesor que hacía tiempo había dejado su escuela. Por su mente comenzaron a pasar aquellos momentos en los que con entusiasmo se empeñaba en que sus pupilos aprendieran lo básico de sus asignaturas, el niño pensó una vez más en que este profesor, que le había enseñado como ningún otro, era un verdadero maestro.
Pedro, el pequeño que descubrió el tesoro conjeturó que este gran personaje, al que le debía su entendimiento de ¨cómo funcionaba el mundo¨ había tenido en sus manos la fórmula para lograr que un niño llegara a comprender su entorno mejor, que con una enseñanza postiza como la que se infunde con la represión. No se equivocaba.
El maestro que portó el pergamino se había ido de la escuela hace años, dejó huellas en cuanto al amor por el saber y constante crecimiento de sus pupilos desde todas las ópticas. Con perseverancia y la comprensión por actitud, discutía más fácilmente con sus colegas que con los pequeños, quienes normalmente son reñidos por el prejuicio adulto.
El pergamino contenía hondos conocimientos de historia y biología, materias en las que sus alumnos se inquietaban bastante. El niño que lo halló se quedó en el aula instantes después de la jornada, pues estaba solo aseándola. La pelota con la que jugaba se fue detrás del viejo armario del salón, que nunca movían de sitio y él se encargaría de correrlo a fin de recuperarla. Con la mayor fuerza que pudo corrió la biblioteca de aula y encontró tras ella el pergamino.
Se asemejaba a los papiros que veía en los libros de historia, lo cual le motivó a abrirlo. Descubrió en el amarillento papel explicaciones gráficas a los temas de sus clases, y recordó inmediatamente al profesor que hacía tiempo había dejado su escuela. Por su mente comenzaron a pasar aquellos momentos en los que con entusiasmo se empeñaba en que sus pupilos aprendieran lo básico de sus asignaturas, el niño pensó una vez más en que este profesor, que le había enseñado como ningún otro, era un verdadero maestro.
Pedro, el pequeño que descubrió el tesoro conjeturó que este gran personaje, al que le debía su entendimiento de ¨cómo funcionaba el mundo¨ había tenido en sus manos la fórmula para lograr que un niño llegara a comprender su entorno mejor, que con una enseñanza postiza como la que se infunde con la represión. No se equivocaba.
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domingo, 3 de agosto de 2008
Caminantes
Constantes, con júbilo y marcha apacible iban de la mano desafiando al sofocante calor de la tarde sin esquivarle, con la tranquilidad de quien a buen paso se aventura a conocer recorriendo caminos y se sobrepone por dentro a cualquier dificultad. Era una de tantas veces que prefirieron pasear caminando y disfrutando de los atractivos del amplio horizonte que se abría a sus deseos.
La fatiga no fue señal de desasosiego, parecían incansables, sublimadamente, invencibles. Sus fuerzas se nutrían por los anhelos regocijadores de compartir y gozar de la compañía que mutuamente se brindaban, la fortuna de ser ambos, seres dispuestos a la plenitud de dar al presente valor de eternidad y creatividad inagotable. Sí, dos caminantes, dos luces que a la par destellaban, brillaban con calidez y propagaban su luz como eco que ahora emito desde palabras escurridizas pero profundas.
La fatiga no fue señal de desasosiego, parecían incansables, sublimadamente, invencibles. Sus fuerzas se nutrían por los anhelos regocijadores de compartir y gozar de la compañía que mutuamente se brindaban, la fortuna de ser ambos, seres dispuestos a la plenitud de dar al presente valor de eternidad y creatividad inagotable. Sí, dos caminantes, dos luces que a la par destellaban, brillaban con calidez y propagaban su luz como eco que ahora emito desde palabras escurridizas pero profundas.
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